viernes, 29 de abril de 2011

Póg

Nací en un lugar húmedo y cálido, lleno de amor y pasión primeriza y sin barreras.


Me quedé con ella.


El primer tiempo fue increíble, cada vez que me hacía presente había vibraciones en el aire y una atmósfera única, nueva. Aunque mis presencias no eran muchas, las aprovechaba al máximo, las vivía plenamente; incluso una vez, cuando ya era maduro y veía el futuro como algo firme, me quedé horas despierto, sin miedo a lo que pudiese pasarme, recorrí sus cuerpos con mi esencia y produje sensaciones indescriptibles... me amaban y no querían nunca dejarme ir, me querían ahí, todo el día, toda la noche, meses, años, para siempre.


Me quedé con él.


Estuve escondido. A veces sentí que me odiaban y necesitaban dejarme en el pasado, el éxtasis que produje alguna vez ya no existía, era una ilusión, pero él me mojaba con sus lágrimas y me pedía que vuelva, que resucite los tiempos que la distancia y la rutina habían dejado atrás. Algunas noches me llamaba despacio y yo lo visitaba, hasta que se sentía entero, hombre... me alejaba y volvía a caer, sin saber que en realidad yo sólo me escondía en un rincón más allá de sus labios, en un punto profundo de su ser.

Cuando terminó la tormenta la vi. Ya no se veía igual, estaba pálida, sola, en su interior descubrí que era la misma con la que conviví tanto tiempo, sólo que éste la había rasgado, le había dejado cicatrices imborrables. Me buscó, y como yo tenía frío y extrañaba ese, su calor, la dejé encontrarme. Todo volvía a ser lo que fue.


Me quedé con ella.


Por algunos meses sentí como que nada había pasado. Todos en sus vidas tienen periodos difíciles, y éste al fin se había esfumado, aunque una cierta tensión en el aire no me dejaba dormir en paz, temía que la lluvia volviera, temía por mi vida, temía por mi muerte.
Cada día me buscaban menos, parecía como si me conociesen , me quisieran, pero ya hubiesen tenido suficiente de mi. Traté todo para que me tomaran en cuenta, pero nada, mis esfuerzos no servían sin los de ellos.
Me fui junto a ella una mañana, rápido; como un trámite los escuche decir adiós, los escuché prometerse en vano que se volverían a abrazar pronto. Escuche la lluvia golpear en la ventana de un bus. Estuve perdido un tiempo, pidiéndole a dios que no me dejara desvanecer, no quería desintegrarme como suele pasar en las noches de ciudad.
Pronto la única humedad que sentía era la de sus lágrimas, me ahogaban y sus gritos de dolor me dejaron sordo.

La última vez que estuvimos juntos, y ellos uno frente al otro, ya no había tensión ni vibraciones en el aire. Cruzaron un par de palabras que no pude escuchar, me sentí inútil y lleno de dolor.


Encontré mi muerte en su mejilla.


Me fui para siempre con él, pero mi alma se quedó con ella y de vez en cuando revive en sus sueños.


Mfer**


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